Cita

El Viejo y el Mar

24 Nov

Ahora era de noche, pues en septiembre se hace de noche rápidamente después de la puesta de sol. Se echó contra la madera gastada de la proa y reposó todo lo posible. Habían salido las primeras estrellas. No conocía el nombre de Venus, pero la vio y sabia que pronto estarían todas a la vista y que tendría consigo todas sus amigas lejanas.
El pez es también mi amigo, dijo en voz alta. Jamás he visto un pez así, ni he oído hablar de él. Pero tengo que matarlo. Me alegro que no tengamos que tratar de matar a las estrellas. Imagínate que cada día tuviera uno que tratar de matar a la luna, pensó. La luna se escapa. Pero, ¡imagínate que tuviera uno que tratar diariamente de matar el sol! Nacimos con suerte, pensó.
Luego sintió pena por el gran pez que no tenía nada que comer y su decisión de matarlo no se aflojó un instante. Podría alimentar a mucha gente, pensó. Pero ¿serían dignos de comerlo? No, desde luego que no. No hay persona digna de comérselo, a juzgar por su comportamiento y dignidad.
No comprendo esas cosas, pensó. Pero es bueno que no tengamos que tratar de matar al sol a la luna o a las estrellas. Basta con vivir del mar y matar a nuestros verdaderos hermanos…

— El Viejo y el Mar, Ernest Hemmingway

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