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Balada del amor ciego (o de la vanidad)

20 Dic

Un hombre honesto, un hombre honrado,
se enamoró perdidamente de una que a él nada amaba.
Le dijó: “Tráeme mañana…”
Le dijó: “Tráeme mañana…
el corazón de tu madre para mis perros”
Junto a su madre él fue, y la mató.
Del pecho el corazón le arrancó
y junto a su amor volvió.

No era el corazón, no era el corazón,
no le bastaba aquel horror,
quería otra prueba de su ciego amor.
Le dijo: “Amor, si me quieres de verdad…”
Le dijo: “Amor, si me quieres de verdad…
córtate de las muñecas las cuatro venas”
Las venas de las muñecas él se corto.
Y apenas la sangre comenzó a brotar
corriendo como un loco volvió junto a ella.

Le dijo ella, riendo a carcajadas…
Le dijo ella, riendo a carcajadas…
“Tú última prueba será la muerte”
Y mientras la sangre brotaba lentamente
y ya comenzaba a cambiarle el color,
se regocijaba en su fría vanidad:
un hombre se había matado por su amor.

Fuera soplaba, dulce, el viento.
Pero a ella la atrapó el sgomento*
cuando lo vio morir contento.
Morir contento y enamorado
cuando a ella no le había quedado nada.
Ni su amor, ni su bondad,
sólo la sangre seca de sus propias venas.

— Ballata dell’amore cieco (o della vanità), Fabrizio de André

* sgomento: sentimiento de ansiedad, desorientación, miedo, consternación…

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