FÚTBOL, FILOSOFÍA MORAL Y TENDENCIAS DE COMPORTAMIENTO

31 Ene

FÚTBOL, FILOSOFÍA MORAL Y TENDENCIAS DE COMPORTAMIENTO

“El fútbol es un juego de caballeros jugado por villanos y el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros”

Era un día frío, de esos que traen vientos nórdicos que cortan las zonas descubiertas como cuchillas de barbero.

Acompañado por mi padre y mi siempre fiel escudero Miki, nos dirigíamos en nuestro noble y fiable carruaje en dirección al terreno de juego, allá por las lejanas tierras de Montecarmelo.

A lo lejos, se alzaban ya inmersas en una inquietante y enorme nube negra, las cuatro torres, fieles tótems y estandartes del capitalismo actual. Recuerdo que en ese momento pensé, y comenté, lo mucho que me recordaba esa imagen a Mordor, el castillo desde donde el señor oscuro, Sauron, observa con su gran ojo, al que nada se le escapa, para dominarlos a todos…

Desde luego, esa imagen no necesariamente tenía por qué hacer presagiar nada acerca de los acontecimientos que sucederían a continuación, pero el caso es que nada iría bien a partir de entonces.

Obviaremos detenernos demasiado en el momento en que nos perdimos a causa de las dificultades con la señalización, la experiencia “carreteril” desviada de mi padre y la voz insinuante y sexy de una argentina que salía del celular de mi despistado y dicharachero escudero. Solo comentar que entre esa voz sensual que despistaba más que otra cosa y la memoria fallida de mi progenitor, elegimos a “la de la pampa” y, tras varios rodeos, nos plantamos en el campo de futbol justo a tiempo.

EL PARTIDO

Sí, íbamos a jugar un partido de futbol 7 contra los terceros de la liga, y en caso de ganarlo, nos colocaríamos en el tercer lugar de la clasificación.

Antes de empezar el partido, me dediqué a observar a los rivales y al arbitro. De mis contrincantes, lo único que pude sacar fue la valoración prejuiciosa de que eran unos macarras. Del arbitro me llamo la atención su baja estatura y deduje por el color de su piel y por el acento, que sería extranjero, probablemente sudamericano. Esto no me sorprendió, pues según mis estadísticas, en dos de cada tres partidos que jugamos, el arbitro no resulta ser natural de Hispania (tierra de conejos según los romanos).

Empezó el partido de la peor de las maneras. Sacamos de centro, nos robaron el balón e hicieron un pase largo que iba directo a un compañero nuestro defensor, que se confundió en el despeje, dejando completamente solo a un rival, que fusiló sin contemplaciones a nuestro portero. 1-0.

En ese momento pensé que teníamos tiempo de sobra, que había que rehacerse y mirar al frente. No sabía lo confundido que estaba.

A partir del primer gol, nosotros lo intentamos, gozamos de múltiples ocasiones para marcar, pero no lo lográbamos y el tiempo se iba poco a poco consumiendo. Esto puede ocurrir en un partido normal, pero lo que resultó sorprendente, desilusionante y frustrante cuando lo viví, fue la actitud del equipo rival.

Cada vez que les intentábamos robar el balón, gritaban que era falta. Si controlábamos un balón claramente con el pecho, reclamaban mano a gritos. Saltaban por los aires al menor soplido y perdían el tiempo descaradamente cada vez que el esférico salía fuera. Por su alto grado de “profesionalidad” a partir de este momento les nombraremos como “los profesionales”.

Se dio un incidente en este sentido cuando la primera parte ya languidecía. Ocurrió que, mi padre, harto de las continuas provocaciones perpetradas por “los profesionales”, espetó al trencilla que por qué no se ponía gafas. A esto, uno de los rivales, que estaba a todo menos al juego, le contestó que por qué no se las ponía el. Yo desde la lejanía me planteaba si meterme en ese “fregao” o abstenerme. Observé a mi progenitor, bien abrigado con un gorro negro y sus gafas oscuras graduadas al estilo “Steve Wonder” y pensé que sabría defenderse solo y yo, aparte, no estaba por la labor de contribuir más al lío. Mi padre le contestó con rapidez de púgil experimentado que ya las llevaba puestas y todo quedó ahí.

Ellos seguían a los suyo, más pendientes de hablar, de quejarse al arbitro, de provocarnos y tratando de perder el mayor tiempo posible. Yo entretanto, al ser el mayor y teniendo supuestamente más experiencia que el resto, trataba de tranquilizar a mis compañeros e intentaba centrarles en el juego en si. Me había dado cuenta de lo que estaban haciendo “los profesionales” y mi reto consistía en aislar a mi equipo de ese “no juego” que nuestro rival jugaba tan maravillosamente bien.

Tenía en concreto dos averías que solucionar. En primer lugar, nuestro fogoso central. No había traído su documentación y estaba jugando de forma ilegal. En caso de que le descubrieran, seguramente nos echarían de la liga. Por eso, cada vez que le veía enfrentarse a un rival o discutirle alguna acción al arbitro, me esmeraba especialmente con el, murmurándole el peligro que corríamos en caso de que se destacase demasiado.

En segundo lugar, tenía que tratar de gestionar la falta de autocontrol de nuestro rápido y habilidoso delantero. A duras penas y sobretodo en el descanso, le preparé para el segundo acto.

En la segunda parte, todo siguió por los mismos derroteros. En otra jugada aislada nos hicieron el segundo gol y al rato caería el tercero. No estaban jugando a nada y les estaba saliendo de maravilla.

Yo alucinaba viendo como se dirigían al arbitro, enfurecidos, protestándolo todo, poniéndose en ocasiones a centímetros de él para gritarle. No entendía nada.

Hay que decir que aunque seguro que el trencilla era una buena persona, no tenía autoridad. Debió haber marcado límites desde el principio y tal vez no habríamos vivido semejante espectáculo bochornoso.

Pero no fue así y la situación nos condujo hasta el desenlace final. En los últimos minutos, tras haberme centrado tanto en centrar a los demás, mi futbol ya consistía en cazar algún balón arriba y buscar algún gol que nos metiese en el partido.

Sin embargo, curiosamente en una acción defensiva, es donde caí en la trampa.

El delantero y yo pujábamos por el esférico. Me adelanté a el y le robé el balón y el cayó al suelo. No había ni un atisbo de falta. Entonces, el delantero al que denominaremos “profesional 1”, empezó a lanzar patadas al aire desde el suelo enganchándome entre sus patas cual cangrejo y a quejarse a gritos. Era una acción muy rápida y supongo que yo llevaba conmigo toda la frustración anterior cuando cometí el error fatal. Primero le empujé al suelo cuando se reclinaba, y a continuación, me salió darle una patada que no fue tal, imagino que me apeteció dársela y luego me arrepentí. En cualquier caso, el “profesional 1” se tiró al suelo doliéndose de mi patada artificiosa como si estuviese al borde de la muerte e inmediatamente se montó el revuelo.

Todo el equipo de “profesionales” se dirigió a mi insultándome y lanzándome improperios de todo tipo, el portero vino desde su área para decirme que no tenia vergüenza y el “profesional 1” me amenazó con el puño en alto y aparentemente crispado.

Yo, consciente de la estupidez que acaba de cometer pero, sin sentirme mal pues no había hecho ningún mal a nadie, le comenté al arbitro que me sacara la tarjeta que quisiera pero que el otro también merecía su castigo.

El trencilla me saco la roja, me expulsó y a mi rival le sacó una tarjeta azul que suponía quedarse 5 minutos expulsado.

De camino al banquillo, el “profesional 1” se me acercó a gritos y hablando un lenguaje en esos momentos incompresible para mi y adivinando lo que quería escuchar, le dije: “Disculpa tío, no quería hacerlo, aunque la verdad es que no te he dado” (en realidad si volviera atrás si que le hubiera golpeado). El tío se quedó con la primera parte de la frase, las disculpas, y seguro que su ego quedó fortalecido. Tendría una historia de tipo duro que contar en las cervezas de después.

No hubo tiempo para más, el partido terminó. Un jugador rival, se acercó a nuestro banquillo y me alargó la mano. Yo, que intento ser educado, se la acepté, concentrándome en hacerle sentir el  profundo desprecio que sentía por su equipo. No obstante, puede que este individuo no fuese como los demás y se estuviese diferenciando por ese gesto.

UNA NUEVA FORMA DE ENTENDER EL FUTBOL

No es ningún secreto que el futbol, así como todos los deportes, ha ido profesionalizándose cada vez más. Los patrocinios, las grandes inversiones de empresarios, los contratos televisivos y la globalización, han contribuido a transformar el futbol en un negocio aparte de en un fenómeno de masas.

Por desgracia, al convertirse en un negocio, cada empresa (club de futbol) debe seguir el mantra clave de este mundillo: “ toda organización tiene la finalidad de sobrevivir y de hacer dinero”. Siguiendo este precepto, la competitividad que existe en los terrenos de juego muchas veces no obedece al puro espíritu olímpico de superarse, de querer ser mejor cada vez, etc.

 No!!. Aunque los jugadores digan (y en parte es cierto) que juegan porque les gusta, porque quieren ganar títulos, y juegan “como en el cole” y patatín patatán, no podemos obviar que también son trabajadores por cuenta ajena de una compañía y que se deben a ella y harán lo que el patrón les ordene.

Por todo esto, resulta tan evidente la moda de entrenadores-managers que asolan nuestro futbol. Estas personas, son más gestores que entrenadores, más psicólogos de empresa que filósofos del futbol y encajan como anillo al dedo en los planes de los empresarios que ven el futbol como un negocio en si o como un trampolín para otras actividades( no hay que irse muy lejos para saber a quien o a quienes me refiero). Aunque existen ex jugadores que ahora son entrenadores con amplios conocimientos futbolísticos( unos mejores que otros), considero que poco a poco les están ganando terreno estos “entrenadores de empresa” o “mercenarios del futbol”. Por citar algunos, Mourinho o Benítez creo que bastan por si solos.

Este perfil de entrenador, en mi opinión cuadra perfectamente con el sistema capitalista inserto de forma ya total en el fútbol (un buen ejemplo es que muchos equipos cotizan en los mercados bursátiles) por su coincidencia en lo referente a su filosofía moral compartida.

UN POCO DE TEORÍA MORAL..

Según los expertos en teoría moral, existen tres tipos de filosofías morales comúnmente aceptadas. Partiremos de la base de que existen individuos que tienen un comportamiento extremo en el que la mayor parte de sus acciones siguen una de estas vertientes, pero la mayoría de las personas, vamos fluctuando de una a otra según el caso, las circunstancias y múltiples factores. Somos contradictorios, pero ahí quizás radica la gracia y al mismo tiempo nuestra desgracia.

Como decía, existen tres teorías morales comúnmente aceptadas y estas son:

Filosofía moral deontologista o Kantiana: Esta teoría proviene de las ideas racionalistas de Immanuel Kant, tal y como explica en su libro “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”, en el que defiende que de forma innata ya disponemos de mecanismos para diferenciar lo que está bien( la buena voluntad es lo únicamente bueno”) y lo que está mal( todo aquello que no parte de la buena voluntad). Deben existir unas reglas, unas normas a seguir a rajatabla y bajo ningún concepto uno se debe salir del camino marcado. “No se debe mentir”, “no se debe robar”, etc.

Llevado al extremo, si un asesino llama a tu puerta y pregunta si tienes escondido a alguien al que quiere matar, Kant diría que no puedes mentirle si de verdad lo tienes escondido. Esta situación parece bastante absurda, ¿no?

Filosofía utilitarista o consecuencialista: Esta teoría, proporcionada por John Stuart Mill, nos dice que debemos promover la mayor cantidad de felicidad y la mayor ausencia de dolor , a través de nuestras acciones para el entorno en que vivimos.

Llevando esta teoría al extremo, si un piloto de un avión cargado de explosivos que estuviese a punto de caer en picado tuviera que decidir en que parte de la ciudad hacerlo, si  en la zona más poblada o en la menos poblada, elegiría siguiendo este criterio la menos poblada, pues esta decisión supondría a nivel cuantitativo la mayor ausencia de dolor, pero, ¿qué pensarían las personas de la zona menos poblada sobre esta decisión?. El piloto podría justificarse aduciendo lo comentado anteriormente y posiblemente, flotaría en su pensamiento la famosa idea o frase que se extrae de los escritos del estadista del renacimiento, Maquiavelo, que viene a decir que: “El fin justifica los medios”.

La ética de las virtudes: Esta posición moral es más antigua. En la época griega, Aristóteles propuso un modo de comportarse como el óptimo para que el ser humano alcanzase la excelencia moral.

Este consistía en que la moral surge de dentro de cada uno de nosotros. La clave según el, consiste en solventar los dilemas que se presenten dejando que la razón oriente nuestra conducta hacia un ponderado equilibrio entre los extremos. Esta filosofía no se centra en las acciones como las dos anteriores, sino que se concentra en los rasgos de carácter que determinan que una persona sea buena. En su “Ética Nicomaquea”, compila una larga lista de rasgos virtuosos explicándolos como el justo medio entre dos extremos. Así por ejemplo, enumera virtudes como la valentía, la moderación, la amabilidad, la honradez, la agudeza o la modestia.

Como ejemplo ilustrativo usaremos la valentía. Esta se sitúa en el justo medio entre la  viciosa cobardía y la imprudente temeridad. Una persona valiente lo es porque tiene miedo y aun así se arriesga, el cobarde no se atreve porque el miedo le supera y un temerario no tiene nada que perder y ahí es cuando pierde, en mi opinión, su mérito.

Llevando esta teoría al extremo, considero que si todos utilizásemos este modo de regir nuestra vida, es posible que esta perdiese su encanto, desaparecería lo diferente al posicionarnos todos en un “justo medio”.

Tras esta pequeña explicación sobre teorías morales, pasamos al tema que me preocupa: El futbol y el capitalismo.

Considerando lo dicho anteriormente sobre cómo el futbol se ha convertido en un circo mediático, el opio del pueblo anestesiado y en un negocio para hombres de negocios, creo que el problema se está extendiendo de una forma que no me esperaba.

Rescatando el relato del partido antes comentado, días después llegué a esta conclusión: Hace 10 años en el futbol amateur la gente iba a pasárselo bien e intentar ganar, pero jugando. Sin embargo actualmente, existe cierta tendencia que nos esta conduciendo al objetivo del “ganar por ganar” sin importar el cómo hacerlo.

Al ver la actitud de “los profesionales” entendí que en realidad estaban copiando el modelo de futbol profesional siendo amateurs! (con la notable diferencia de que a los profesionales si que les controlan los insultos y gritos al arbitro).

 En mi opinión, tenían una forma de proceder moralmente utilitarista, pues buscaban ganar a toda costa sin importarles como conseguirlo, buscando el placer de ganar, justificando su actuación reprobable como un mal menor. Eso creo yo que coincide con la postura de la empresa típicamente capitalista a la que solo le importa lograr sus fines (sobrevivir y conseguir resultados) y no le importa como conseguirlo o, como con el caso del aviador que se va a estrellar y decide hacerlo en la zona menos poblada, justificándolo porque hay otra zona más poblada(estrellarse en esta significaría perder).

En este mundo egoísta y sin principios, hay una palabra que nadie quiere escuchar, y esa palabra es PERDER.

EL FUTBOL: CÓMO JUEGO ES COMO SOY

Por ultimo, quisiera reflexionar sobre un aspecto en concreto; sobre como ante situaciones de tensión o que supongan un reto, las personas sacan a relucir sus virtudes y sus defectos al mismo tiempo. Por tanto, cuando se dan estas circunstancias, se puede predecir con un alto grado de acierto, las tendencias de comportamiento de los individuos en su trabajo y en su vida particular.

Traigo esto a colación de nuevo a consecuencia de aquel partido tan tempestuoso.

Una persona en una situación que supone un reto, como jugar un partido de fútbol, puede ser dialogante, centrarse en jugar, ayudar al rival, o al contrario, perder tiempo, provocar, ser agresivo, etc., y, en muchos casos, se comportará de la misma forma ante una situación parecida en su trabajo o en su vida particular( salvando las distancias).

Por ejemplo, imaginemos que un jugador de poca envergadura, recibe un golpe de otro de mayor tamaño. A continuación, descarga su ira no contra éste, sino contra otro más pequeño que él. No sería difícil de creer que este jugador bajito (y ruin, todo hay que decirlo), en el trabajo, su jefe le hiciese alguna jugarreta y él lo pagase con su becario haciéndole trabajar más.

No obstante, tras profundas cavilaciones, he llegado a la conclusión de que no creo que todos los miembros del equipo de “los profesionales” se comporte así de forma habitual. Desde luego existen en el grupo varios elementos que a modo de pegamento, aglutinan al resto y les contagian del virus utilitarista que domina al conjunto.

Igual que yo no pude parar a algunos de mis compañeros que poco a poco iban entrando al trapo e incluso a mi mismo, es posible que exista entre ellos alguna “mentalidad diferente” que acabe siendo subsumida por estos caníbales-capitalistas-futbolistas que parece que pretenden cargarse el fútbol.

Es una desgracia, porque a estos elementos que llevan tatuado en la frente “EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS” son muy ruidosos, seguros de si mismos (porque tienen solo dos ideas y no dudan, estaría bueno!) y suelen imponerse haciéndose escuchar más que el resto.

O reaccionamos o estamos perdidos. Debe empezar la batalla moral y nosotros somos quienes debemos dar el primer paso, pues si no,

EL FUTBOL HABRÁ MUERTO

Guilletóteles

2 comentarios to “FÚTBOL, FILOSOFÍA MORAL Y TENDENCIAS DE COMPORTAMIENTO”

  1. lachicadelescaner enero 31, 2013 a 1:54 pm #

    Jo, Guilletóteles, que bueno! No puedo leer el relato sin verte sentado en ese banquillo dándole la mano al “profesional” y centrado en transmitirle toda tu rabia. ¡Qué gráfico! Yo siempre he pensado que soy bastante pragmática, pero NO, el fin no justifica los medios. Se puede ser utilitarista y a la vez serlo de una forma razonable, moral.

    • guilletoteles enero 31, 2013 a 4:34 pm #

      desde luego, lo has captado sister! un abrazo y gracias por tu comentario!

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